domingo, 4 de enero de 2015

EL MENSAJE EN LA BOTELLA

...EL MENSAJE EN LA BOTELLA...

Hubo un tiempo en que la tierra abundaba en verdor, las flores coloreaban los campos y jardines, el canto de las aves era la sinfonía que arrullaba al mismo bosque.
Los arroyos corrían presurosos a engrosar los ríos y estos buscaban a su madre llevando vida por doquier, derrochando alegría y paz. Contagiado de esperanza, empujando los sueños por alcanzar, llevando lo acopiado para terminar en la inmensidad del mar. Entonces era el lugar místico y cósmico de la tierra.
También hubo un tiempo en que las personas tenían sueños y luchaban por ellos, hacían lo imposible por alcanzarlos. Se podían ver caminar por las calles a las personas tomadas de la mano, No era necesario decir palabra alguna, hablaban sus miradas. El lenguaje corporal era universal, ese era el  lenguaje del amor por excelencia. Las personas creían en él, en su nombre surcaban mares tempestuosos, conquistaban suelos ignotos para sembrar y prosperar. La luna y el sol retrocedían y avanzaban al compás de los titilantes corazones.
Si, los seres humanos teníamos rostros que dibujaban la bondad, nos ayudábamos entre nosotros, nos tratábamos como hermanos y siempre buscábamos lo mejor para todos. Éramos como una gran familia donde reinaba el amor la paz y la esperanza.
Avanzamos tanto, crecimos a un ritmo acelerado que fuimos devorados por aquellos logros. Nos tragó la avaricia el rencor y la injusticia. Entonces reino el caos y la confusión, vendimos nuestra fe, empeñamos la verdad, renegamos del amor, nos vestimos  de apetitos insaciables. La lucha por ser mejor que el otro nos aniquiló. Nos engullimos por completo, perdimos la brújula y nos perdimos a nosotros mismos. Poco a poco la humanidad fue desapareciendo hasta verse exterminada. No hubo necesidad de bombas atómicas ni armas químicas, fue la aniquilación más grande, el exterminio del hombre por hombre. Si, la misma mano que un día te acogía o salvaba, era la misma que ahora te condenaba. Nos destruimos nosotros mismos. 
Ahora estás viendo como hemos dejado la tierra. Sí, no valoramos ese regalo maravilloso que nos fue entregado. La destruimos y con ella a nosotros mismos.
Sírvete de mi testimonio para que no cometan los mismos errores, valórenlo como no lo hicimos nosotros. Estoy segura que puede volver a ser lo que fue antes de su destrucción. Tienen lo más importante; tienen vida. Comiencen desde ese punto; siembren, cosechen y abonen amor paz y justicia. 
No creí que podría terminar de escribir este mensaje y si lo estás leyendo quiere decir que la botella pudo viajar y llegar a tus manos.
No desperdicies la oportunidad que ahora tienes. La tierra puede y debe volver  a ser lo que fue antes que nosotros la destruyéramos. Espero que te pueda servir  todo lo que te he contado de ella y puedas aprovecharla.

Buena suerte.