martes, 30 de diciembre de 2014

Púas, esquirlas; Esperanza...

Púas, esquirlas; Esperanza.

Shejaiya ciudad de Gaza en Palestina; azotada por una perenne y escalofriante tormenta de pólvora, tatuando indeleblemente las calles de muerte y destrucción.  Zyan sale armado de su férrea e inquebrantable voluntad. Con los ojos crispados mira el crucificado cielo que lo envuelve como una sombra silenciosa. Su menudo cuerpo no resiste tal espectáculo y respira pena que le dice que Jesús ha llorado también lágrimas de cenizas.
Avanza apretando los dientes soportando la pesada carga de su mundo en disolución. Su ciudad, su hogar ahora vuelto escombros le dice más que nunca que la muerte se ha vuelto anónima. Las armas ya no precisan la cercanía para ver los ojos del asesino de los sueños. Ahora la carne destrozada nada en el pantanoso crisol de la injusticia.
Silencioso se ha hecho el día, sin la luz marmórea que insufle  de fe los arcos que aún sostienen  sus piernas. Camina y avanza dejando atrás su mundo derruido; de sueños por alcanzar. Los ladrillos forman filas haciendo cementerio del sol que llora sin brillar.
Dicen que el poeta nombra lo innombrable. Pero como amansar las palabras para darle significado a las dilatadas pupilas que se desquician ante tan abominable desecho que hoy es  parte cotidiana de su realidad.
Coge entonces el poeta la extensión de los brazos de un alma que ya se labra en orfandad. Desclavando las púas y las esquirlas para volverlas coronas de esperanzas y valerse de su tenacidad para dibujar sobre polvos impíos una gruta de promesas y de ilusiones por alcanzar.